23Mon102017

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Homenaje a Santi Brouard

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Lekeitio recuerda la figura más humana del político y pediatra. Los niños se convirtieron en los protagonistas del homenaje que se rindió ayer a Santi Brouard en su Lekeitio natal al cumplirse 25 años de su muerte por disparos de dos mercenarios al servicio de las tramas negras del Estado español.

La dimensión más humana del reconocido pediatra estuvo presente a escasos metros del mar que tanto amó.

La comisión popular impulsora de los actos de ayer ya venía advirtiendo de que lo que se iba a vivir en Lekeitio era algo diferente a otras iniciativas que anualmente recuerdan la figura de Santi Brouard. Atrás quedó el perfil político del destacado militante abertzale, socialista e internacionalista para descubrir su lado más humano, su compromiso con los demás y con Euskal Herria.

El sol se sumó al homenaje a un hombre que minutos antes de ser abatido por las balas de dos mercenarios atendía a una niña de poco menos de seis meses en su consulta. Ayer, muchos de aquellos niños a los que curó con cariño acudieron a Lekeitio con sus hijos. Muchos, por su tierna edad, desconocen quién era Brouard, pero sí saben las canciones y los dichos de un payaso, Porrotx, que aportó lo suyo dando ese toque especial que se buscaba.
 
 
A las 11.00, dos centenares de personas aguardaban en la plaza de Lekeitio la llegada de su ídolo. Los minutos transcurrían y de la cabellera azul de Porrotx no se veía ni un pelo. Para calmar a los más impacientes, a través de megafonía se advirtió de que el payaso se había perdido entre las calles de la villa.
 
Al poco rato, unas voces alertaron de su llegada y todos los txikis dirigieron su mirada a las escaleras por las que se divisaba su mostacho y su nariz roja. A partir de ahí, ya podía dar comienzo la kalejira, con zancudos incluidos, que anunciaba que ayer no era un domingo otoñal más en Lekeitio. Era tiempo de recordar a un hombre que, por encima de su compromiso político en la búsqueda de la independencia y el socialismo para su país, era un prestigioso pediatra de Bilbo y lekeitiarra de los pies a la cabeza.
 
La kalejira animada por Porrotx tenía como destino la Tala para luego ascender hasta Basotxu, un pequeño espacio de tierra a pie del acantilado donde rompen las olas del Cantábrico y detrás del frontón. Allí, se erige la escultura creada por Ibon Basañez para recordar al ayer homenajeado. Más tarde, en el acto de inauguración, se explicó que la elección del emplazamiento tenía mucho que ver con su afición a la pelota y su amor al mar que baña Lekeitio.
 
Con cierto retraso sobre el mediodía, cientos de personas -aquí ya brillaban más las canas- se fueron arremolinando en torno a las piezas multicolores que conforman la obra de Basañez, sencilla pero a la vez acogedora. Entre los presentes, decenas de veteranos militantes de la izquierda abertzale como Tasio Erkizia, José Ramón Etxebarria, Mikel Arizaleta, Iñaki Olalde, Julen Aginako y Xabier Zubizarreta, entre otros, junto a médicos y otras personas que tuvieron la ocasión de conocer al pediatra lekeitiarra.
 
Los sones de la txalaparta advirtieron de que iba a comenzar el acto protocolario y todos los que habían ido tras la bicicleta de Porrotx debían apretar el paso para alcanzar el mirador de Basotxu. En primera fila, Teresa Aldamiz, viuda de Brouard, y sus tres hijos: Edurne, Tere y Santi, que veían agolparse a decenas de niños alrededor de la escultura.
 
Tras la presentación del acto, en el que se subrayó el motivo de la iniciativa popular y la razón de haber elegido tal ubicación para la obra de Basañez, tomó la palabra Patxi Enziondo, integrante de la comisión organizadora. Enziondo resaltó la dimensión humana, el compromiso y la actualidad del pensa- miento de un hombre al que quitaron la vida por reivindicar el diálogo para superar el conflicto político entre Euskal Herria y los estados.
 
A pesar de ello, también remarcó su papel como pediatra y su amor a su pueblo. Ya lo había dicho en la presentación del programa: «A lo largo de su vida, Santi recorrió la geografía vasca de punta a punta. Conoció el exilio, pero siempre volvió a Lekeitio y, por eso, la semana que viene Lekeitio será el núcleo de este especial homenaje».
«Un regalo de los niños»
A continuación, Enziondo trató de desmenuzar el mensaje de la escultura que estaban a punto de inaugurar. Un espacio privilegiado, en la muga entre Lekeitio y el Cantábrico. La definió como «un regalo de los niños a Santi» y mencionó la viveza de los colores de las piezas que pertenecen a la arquitectura de la ribera y el puerto. «Es el color el que atrae a los niños y les da cobijo en el interior de la obra», remarcaron más tarde a preguntas de los que buscaban la esencia del trabajo. «Es un abrazo y una sonrisa para los niños», apostillaron.
 
El preceptivo agurra a cargo de dos dantzaris, una mujer y un hombre, y la entrega de un ramo de flores a la viuda de Brouard sirvió de colofón al acto. Fue entonces cuando algunas de las palabras pronunciadas por Patxi Enziondo adqui- rieron su valor. Los niños que habían aguantado quietos se aproximaron a la escultura, se subieron en las piezas multicolores y comenzaron a jugar; la obra los acogía en su interior, dándoles cobijo.
 
Los participantes bajaron entonces hasta el frontón que desde 1988 lleva el nombre de Santi Brouard. De nuevo, Porrotx fue el eje de las miradas, los suspiros y alguna pequeña carrera. Decenas de txikis aguardaron la apertura de las puertas de la cancha y, a punto de hacerlo, apareció el popular payaso repartiendo caricias, saludos y algún que otro dicho para arrancar la sonrisa de pequeños y mayores. Su estancia en Basotxu tampoco fue desaprovechada por muchos para saludarle y sacarse una fotografía.
 
Las gradas del frontón fueron llenándose mientras a las puertas de la instalación se agolpaban las sillas de los pequeños como sucede en muchas guarderías del país. La cancha, presidida por un mural con el rostro del homenajeado y el lema del programa elaborado por la comisión popular -«Euskal Herria Osagai»- fue ocupada en primer lugar por dos txalapartaris lekeitiarras, a los que siguió Porrotx, animado a acudir a Lekeitio por su «amona Josefina» para explicar a los txikis quién era Santi Brouard. Entre guiños a la familia, empleó su arte para desgranar el perfil del comprometido pediatra.

Tras él, Edorta Jiménez pasó a conducir el acto que contó con la participación de otra escritora local, Miren Agur Meabe, que leyó un escrito de Joseba Sarrionandia. Luego llegaron las canciones de Rafa Rueda y, como colofón, Pantxoa eta Peio, que pusieron los pelos de punta a más de uno con sus ``Lepoan hartu'' y ``Batasuna''.