25Thu052017

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Costumbres de antaño

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En Lekeitio y también en Gazteiz-Vitoria, traen bueyes y vacas delante de la iglesia la mañana de Viernes Santo y las tienen allí mientras se canta la Pasión.

En Lekeitio se dice: "La que tiene lunares no es bruja.

En Lekeitio para librar a alguién del malde ojo, le solían colgar de la muñeca una garra de plata.

En Lekeitio hace tiempo llamaban a un sacerdote para curar el mal de ojo y antiguamente durante 9 días. Cuando no había sacerdote, se quitaban dos hebras de la escoba, y con ellas se hacía una cruz, metiéndola sobre la escoba, que se ponía delante de la cama del paciente.

En Lekeitio solía cogerse agua de tres pilas del templo, a las doce en punto, mientras sonaba el reloj; y con dicha agua se bendecía una lancha.

En Lekeitio, las mujeres maldicientes, para dar más fuerza a las maldiciones, solían lanzarlas mirando al monte Calvario (su nombre tradicional es Lumencha), y sobre rodillas desnudas. Esta superstición constituye el fondo de mi ópera Ontzuri.

Hece unos cincuenta años, solíamos emplear en Lekeitio, como nombre (nombre ridículo) de un cuello de camisa, duro y alto: "ojalá te ahodues, en algunas frases parecidas a esta: ¡Anda este más orgulloso con su ojalá te ahogues, más orgulloso!

En Lekeitio saben lanzarse alguna maldición a si mismos, pero condicional. He aqui una que yo cien veces oí y quizá pronuncié: "Si miento, no debería yo moverme de donde estoy" (como quién dice, muera yo de repente).

Entre las viejas Ordenazas de Lekeitio, la que figura bajo el título 143 dice lo siguiente: "Ordenamos que cualquier o cualesquier que hecharen agua sin llamar tres veces e ba agua, que peche veinte mrs. para los jurados por cada vez".

En las viejas Ordenanzas de Lekeitio (las pusieron por escrito el año 1486), bajo el título 140, en los folios 66 y 67, se lee esto (fielmente copiado): "Cualquier o cualesquier, así barones como mugeres, vecinos e estraños, digiere e llamare a alguna mujer casada fija de puta, parida o preñada de otro home cualquier que no sea su marido, que faga tres semanas en la cadena e dende en fuera que pague cient e veinte marabedis para los jurados, e que en la primera fiesta que hobiese procesión que suba en el púlpito a la misa aquel o aquella que tal palabra digiere e que se desdiga e se desmienta, que el diablo ge lo hizo decir la cosa, que no era por su saña que hauia,e si asi no se quisiere desdecir e desmentir, que faga en la cadena fasta que se desdiga o se desmienta como dicho es."

En Lekeitio, las velas y aún las cerillas para días de truenos solían ser bendecidas.

En Lekeitio se dice: "Santa Bárbara, Santa Cruz, Señor, valednos; pan de inocentes, Señor, misericordia."

En Lekeitio, muchachos que me precedieron cuatro o cinco años, solían ir al pórtico los días de conjuro, creyendo que allí verían al aire un zapato del sacerdote. Se decía en esta villa que en cierta ocasión un sacerdote, no pudiendo de otra manera vencer al diablo, diciéndole "toma", le arrojó uno de sus zapatos.

Entre muchos hermosos manuscritos del archibo municipal de Lekeitio figura esta linda ordenanza: "Con el conjuro han de tener particular cuidado los señores del Regimiento (hoy diríamos concejales), asi en que el sacristan sea puntual con la campana, como en asistir sus mercedes todas las veces que apriete la tormenta, para que con su ejemplo acuda todo el pueblo a hacer oración; porque como dice San Pablo, "a Dios siempre se ha de temer, y en especial cuando truena" ¿Que San Pablo habra sido este? Tal vez San Pablo el ermitaño, en algun manuscrito tan solo conocido de aquellos señores del Regimiento de mi pueblo.

En Lekeitio suele haber misa cantada en la ermita de la atalaya Ermita de San Juan) el día de San Marcos, y después bendicen el mar desde el pórtico de allí mismo.

En Lekeitio hacían tres crucecitas con las goras de esa cera, y las ponían en la puerta para que los rayos no quemasen la casa.

Hasta muy recientemente, en lekeitio, en cuanto los pescadores salían en invierno a la pesca del besugo, llegaban a la cala, el atalayero encendía el fuego hacia la cumbre de un montículo y producía humo. Al verlo, una mujer pregonera a recorrer las calles para recoger dinero, cantando estas palabras: "arima pielentzat" (para las fieles ánimas).