21Mon052018

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Miren Agur Meabe

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Miren Agur Meabe nació en Lekeitio, Bizkaia, en 1962.

Se diplomó en Magisterio, dentro de la especialidad de Ciencias Sociales, así como licenciada en Filología Vasca.

Durante unos años fue profesora en una ikastola de Bilbao, pero desde 1990 se dedica a la dirección y gestión editorial dentro del grupo Giltza-Edebé.

En 1986 publicó el libro de cuentos Uneka... Gaba (Por momentos... la noche; Labayru), y cuatro años después su poemario Oi, hondarrezko emakaitz! (¡Oi, mujer de arena!; publicado a modo de separata por la revista Idatz & Mintz en 1999) recibió el premio otorgado por el Ayuntamiento de Lasarte-Oria.

En 1997 su poemario Ohar orokorrak (Notas) fue premiado dentro del concurso Imagínate Euskadi. Varios poemas de los citadas obras sirvieron a la autora para sentar las bases de su obra más ambiciosa: el poemario Azalaren kodea (Susa, 2000; El código de la piel, Bassarai, 2002).

El código de la piel recibió el premio de la Crítica en 2001.

Un año después, la autora recibía el premio Euskadi en la modalidad de literatura infantil y juvenil por Itsaslabarreko etxea (Aizkorri, 2001; La casa del acantilado, Edebé, 2004).

Tras esa publicación Meabe ha continuado escribiendo literatura infantil y juvenil, muestra de ello son Bisita (La visita; Gara, 2001), Joanes eta Bioletaren bihotza (El corazón de Joanes y Bioleta; Elkar, 2002), Etxe bitan bizi naiz (Elkar, 2003; Vivo en dos casas, Editores Asociados, 2003), Nola zuzendu andereño gaizto bat (Giltza, 2003; Cómo corregir a una maestra malvada, Edebe, 2003), Amal (Gara, 2003), Historia de la literatura vasca, Erein, San Sebastián, 2004, Poetikak & Poemak, Erein, San Sebastián, 2005.

2014, recibe el Premio Zazpi Kale en la Feria del Libro de Bilbao por la obra escrita en euskara más vendida en la edición anterior de la feria.

Entrevista realizada por Estibalitz Ezkerra

"Hablar de mis poemas es hablar de mi misma, y puede que hablar de mi misma suponga también hablar del lector.

En mi opinión, la poesía es como una red que va más allá del poema, atrapando realidades que tienen incidencia en nosotros. El poeta dirige su mirada a la vida (a la naturaleza y a la sociedad, a los sucesos y a las personas, a los espacios lógicos y a los lugares mágicos) y después, por medio de un ejercicio de asimilación, busca en su interior las palabras que dan cuenta de los delicados tejidos que componen esas "cosas de la vida".

Por dicho motivo, reivindico el valor del sentimiento en la manera de aprehender las cosas. Porque lo que es cambiar, la poesía no puede cambiar nada: ni la historia, ni el presente, ni la humanidad.

Yo misma escribo para ordenar las estanterias de mi interior, para poner al día mis recuerdos, para racionalizar mis miedos, para analizar las huellas de una vida paralela... para no olvidar quién soy. En ese sentido, la poesía es una solución creada por la necesidad de aplacar la sed y el pánico. Y para hacer frente a la sed y al pánico tiendo la mano a la cotidaneidad.

Por decirlo de otra manera: compongo radiografías caleidoscópicas. Por eso son uno el yo autor y el yo poético. Y me resulta elemental la dimensión erótica de la memoria recuperada a través del onirismo, puesta al servicio del poema.

En cuanto al resultado final, me conformo con conseguir mantener el equilibrio entre la transparencia, la comodidad y la elegancia a la hora de lanzar el mensaje. Por eso, no busco la perfección sino la belleza; no busco la verdad sino la autenticidad; no busco la transcendencia sino la intensidad."