19Fri012018

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Toma de Sevilla por Fernando III el Santo

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Estando sitiada la ciudad de Sevilla, se daban en sus inmediaciones alternativas bélicas de todo género, pero lo más eficaz para obligar a la rendición a los cercados, iba a ser el corte de las comunicaciones entre el barrio de Triana, al otro lado del río, con el resto de Sevilla, al que le unía un puente de barcas, adosadas una a otra con pesadas cadenas. Para efectuarlo, el día 3 de mayo de 1248, se eligieron las más recias naves de nuestra flota que, navegando a toda vela cuando más fuerte era el viento reinante, se las hizo chocar con violencia contra el puente, una a continuación de otra, a cada una de las embarcaciones.

La vigorosa embestida de la primera nave contra el puente, lo agrietó, pero al impetuoso empuje de la segunda, donde iba el propio almirante, se rompieron las cadenas que ceñían las barcas. El puente quedó roto, con el consiguiente disgusto de los moros, que veían desaparecer el único camino por donde podían retirar sus heridos y recibir provisiones. Quedaba, merced a esta medida, bloqueada totalmente la ciudad, y nuestra flota dominando el río Guadalquivir.

Sin embargo, resistieron aún lo suyo los infieles y, buena parte de los éxitos del asedio y su culminación en señalada victoria, se debió a nuestro López de Haro, quien defendía el campo por la parte de la Macarena (con su cuñado González Girón), siendo éste uno de los lugares en que se libraran enconadas salidas de los sitiados, por el desmedido afán de los moros que tenían a gala el derrotar a don Diego, pero de todas sus acometidas salieron escarmentados.

La rendición total de la plaza, se efectuó el 23 de noviembre de 1248. Don Diego Lópe de Haro salió herido del cerco con lesiones en el rostro y, cuando la triunfal entrada de don Fernando en la ciudad, iba nuestro Señor (el de Haro), tras el rey, a la cabeza de todos los caballeros y, en pos de él, las demás tropas con sus correspondientes pendones.

Una de las naves que rompió las cadenas que aferraban los puentes de barcas debió ser de Laredo, y en atención a su comportamiento en aquella acción guerrera, le concedió Fernando III, el que llevaran a su blasón municipal la reproducción de aquel hecho singular y, según Madoz en su «Diccionario geográfico», en la nave mayor de la iglesia matriz de aquella villa marinera, se conserva una parte de la cadena de referencia.(Calle Iturrino). «Hombres de mar de Bizkaia». Edic. La Gran Enciclopedia Vasca. Tomo II. Págs. 91 y siguientes).

Si bien, como acabamos de indicar, una de las embarcaciones protagonistas del quebrantamiento (primero) y rotura del puente de barcas sevillano, era de Laredo, la otra nave fue, la dirigida por el capitán lekeitiano Zaldíbar (Ybarra y Bergé, en «Gestas Vascongadas»), probablemente en compañía de sus paisanos lekeitianos, pues fueron muchos de ellos quienes engrosaran naves y tomaron las armas en este capital acontecimiento, de singular transcendencia para la prosecución de la reconquista. Muchos de ellos quedaron en aquella ciudad, con ayuda de quienes, don Fernando construyó una maestranza y astilleros para renovar la armada (Labayru), y permanece aún en Sevilla una calle («de los bizkainos») por haberla poblado gentes de Bizkaia.