19Fri012018

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Lekeitianos en el Siglo XV

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Luchas Banderizas

En 1411, muere en Lekeitio, Rodrigo Adán de Yarza, a manos de Martín Pérez de Licona, por lo que éste es expulsado de aquella villa y se establece definitivamente en Ondárroa. Al pelear en Munguia los Butrón y Abendaño, se producen algunas muertes, por lo que los protagonistas causantes, son desterrados a la Corte.

Luchan en Larrabezua los Zugazti y Lezama, mientras se atacan en Orozco, los Ayala y Abendaño; por otro lado, los Barrueta contra los Markina, en la villa de su nombre. Los combates entre Arancibia y los Adán de Yarza en Berriatúa, originan la muerte de Sancho y Fernando de Adán de Yarza, dos bastardos de Arancibia, y otros doce hombres (el año 1417).

Se embisten en las Encartaciones, los Marroquines de Zalla contra los Salcedo, y los Zarnudianos contra los de Gordexola (Gordejuela). Y, es por entonces, cuando Lope García de Salazar, nuestro famoso banderizo, el de las Bienandanzas, mata a Lope Ochoa de Mendieta, a los pies de su torre.
 

Conquista de Granada

Es más, no sólo intervendrían los bizkainos en la conquista granadina, sino que por estos mismos años de 1475 y 76, se sirvió con trescientos cincuenta infantes, capitaneados por Juan Alfonso de Mújica, García de Zamudio y otros en las acciones contra el rey Alfonso de Portugal que fue vencido junto a Toro; y contribuimos el año 1488 con dieciocho naves en la armada contra Francia. Y en 1495, aprestando doce naves de alto bordo, se venció con ellas a los franceses, bajo el mando de nuestros capitanes Hernando Martínez de Hermenduria, de Bermeo, y Juan Ruiz de Olea, de Lekeitio, ganándose a Nápoles para el Gran Capitán.

E igualmente, debiéndose efectuar en 1496, los casamientos concertados entre los príncipes de Austria y España, aparejóse en Castilla una gran flota cuyo mando se confió a don Fadrique Enríquez como almirante, a quien se dio un brillante séquito de caballeros y tropas, para llevarse a Flandes a la infanta Doña Juana, prometida del archiduque, y traer a la princesa Margarita, desposada a su vez con el príncipe heredero Don Juan.

Intervino en su organización, el bilbaíno Arbolancha, e iba como General de la Escuadra, el lekeitiano don Pedro Ibáñez de la Rentería, con quinientos cincuenta bizkainos, entre los tres mil hombres que la componían. En el cortejo de los príncipes, se contaba a los caballeros bizkainos Martín de Mújica (tesorero de Doña Juana), Juan de Abendaño, Juan de Arteaga y otros parientes mayores de Bizkaia. En el tiempo de permanencia en el extranjero, enfermó el almirante de la flota, don Fadrique, por lo que los Reyes Católicos elevaron a ese puesto, a nuestro paisano Gómez de Butrón y Mújica.

Descubrimiento de América

Primer Viaje

En las carabelas Niña y Pinta, al mando de los hermanos Pinzón, iba la gente de Palos (y Moguer a más de otros), obligada a enrolarse por doce meses en carabelas armadas a su costa, a cuenta de servicios efectuados por aquel puerto a la Corona, según reza la Provisión Real. En cambio, la tripulación de la capitana Santa María estaba constituida por grupos de gente del norte; cántabros y vascos, principalmente, aunque figurasen también algunos procedentes de otros puntos.

Estaba al mando directo del almirante y como maestre, su propietario Juan de la Cosa; actuaba de contramaestre el llamado Juan de Lekeitio, o Chachu, o Chanchu. Cabe la posibilidad como dice J. Bilbao, de que cuando comenzaran las diligencias de Pinzón para fletar la Santa María e incorporarla a la expedición, fueran Chanchu y los demás lekeitianos los que influyeran en el maestre Juan de la Cosa para que aceptara las proposiciones que se le hacían, y así poder también ellos correr la aventura.

Lekeitiano era también Domingo de Lekeitio, hijo de María Vizcarra; probablemente carpintero (por el mayor sueldo que tenía en relación con los otros marineros).

Otro tripulante bizkaíno, de Ispáster (de la anteiglesia de San Miguel Dyzpater, reza el original) era Domingo de Anchía, a quien convenció Chanchu para que se quedara en el fuerte. Allí murió, dejando en su pueblo un hijo.

Otro marinero, Martín de Urtubia, grumete, era de Nachitua (de Anchitua según el documento auténtico). Fue otro de los sacrificados en la Navidad.

Los herederos de estos cuatro bizkainos: Chanchu, Domingo de Lekeitio, Domingo de Anchía y Martín de Urtubia, estuvieron representados ante la Casa de Contratación de Sevilla para el cobro de los haberes devengados (los años 1513 y 14), por el apoderado Martín Pérez de Licona, pudiendo tratarse éste, del que había sido alcalde de Lekeitio el año 1504.

Es curioso también que los marineros de Deba que viajan con Colón aparezcan todos en la carabela Niña, en tanto que los de Lekeitio y alrededores lo hagan en la Santa María. Podría esto hacernos pensar que, originariamente fueran todos en la Santa María, y que, cuando esta nave estaba sin flete en Palos, los debatarras se enrolaran en la expedición que se estaba preparando en las carabelas Niña y Pinta, y que Chachu por el puesto que ocupaba en la Santa María, no podría abandonarla con tanta facilidad, quedando con él los cuatro bizkainos de referencia.

Fue el historiador dón Nicolás Tenorio y Cerero quien primeramente leyera el nombre de Juan de Lekeitio. La señorita Gould le llamó Chachu corrigiendo la lectura del Sr. Tenorio, pues donde aquél leía ohjahn, ella leía muy claro Chachu. Para ser equivalente a Juanito o Juanchu en la fonética vizcaína, debía ser Chanchu.

Segundo Viaje


Encomendó la Corona a Bizkaia la organización de la flota expedicionaria, interviniendo en su constitución, el almirante lekeitiano D. Iñigo de Arteita, con la eficaz colaboración del naviero bilbaíno D. Pedro de Arbolancha.

La dificultad del segundo viaje, no era la falta de gente como la vez primera, sino al contrario, la de desembarazarse del inmenso gentío que se alistaba, sea por espíritu aventurero (propio de la época) o por el estímulo de la codicia, de una posible rápida adquisición de oro y riquezas. Limitóse el número de personas de la expedición así como el número de buques componentes de la misma.

Seis naves habían sido organizadas en Bizkaia, quedando bajo la jefatura de Iñigo de Arteita. Tras un alarde en el puerto de Bermeo, el 12 de julio de 1493, salió la flota hacia Cádiz en espera de las oportunas órdenes. En aquellas aguas se hallaba nuestra pequeña escuadra, cuando en sus inmediaciones se presentaron navíos portugueses que transportaban indios a sus posesiones, y al ser detenida por ellos esta expedición (lo que provocó reclamaciones diplomáticas del reino portugués), causó enojo a los Reyes Católicos y cayendo nuestro almirante en desgracia le obligaron a devolver lo apresado y cambiado su destino, y por este azar de la fortuna, no llevó tal armada el previsto camino de las Américas, sino que fue destinada al traslado del último rey moro de Granada, Boabdil, con su equipo de oficiales, a tierras africanas.

Dispuesto el resto de la escuadra para partir con arreglo a los fines para los que fue constituida, se hicieron a la mar diecisiete buques, el 25 de setiembre de 1493, hacia el continente americano.

En un principio, se dispusieron seis naves para la flota de Arteita, pero al dársele otro destino a una de ellas (la de Sancho López de Ugarte), quedaron cinco, bajo su mando, para dirigirse a América.

Y para que no faltara nuestra representación, a pesar de lo acontecido con la flota de Arteita, pudo, sin embargo, acompañar al almirante una pequeña manifestación vizcaína: Juan de la Cosa, Sebastián de Olano, y el posteriormente famoso Juan de Garay. Igualmente, Fernando de Guevara, Bartolomé de Salcedo, Luis de Arteaga, Miguel Mulcaraz o Muncharaz, Francisco de Garay, y otra media docena de naturales del Señorío, quienes con el almirante descubrieron Cuba, el 29 de abril de 1494.

En el alarde que se realizó en Bermeo, el 12 de julio de 1493, se pasó revista a las naves. Eran: la de Antonio Pérez de Lerzola (en otro lugar La Izola, ¿será Leizaoía?), de 205 toneles, llevó a éste por capitán, y a Juan de Balza. Un hijo de aquél como maestre, Esteban de Corda (Acorda) contramaestre, Juanot (piloto), Juan Galán (cirujano), etc., y otros más hasta ciento treinta y un hombres.

En la de Juan Pérez de Loyola, de 220 toneles, 125 personas (45 marineros y 85 hombres de armas). En la de Martín Pérez de Fagaza (de 405 toneles), 60 marineros y 140 hombres de armas. Y, a la nave propiedad de Iñigo de Arteita, donde deducimos irían los lekeitianos (100 marineros y 200 hombres de armas), se la consideró como de 1.000 toneles, aunque debía medir más.
 

El Almirante Iñigo de Arteita en Nápoles

El francés Carlos VIII satisfizo su codicia, despojando la conquistada ciudad de sus notables obras artísticas y esculturas de mayor mérito que decoraban la ciudad, para ulterior traslado a su país, si bien, no pudo alcanzar el objetivo previsto, al ser alcanzados los navíos que conducían los tesoros antes de que llegaran a su destino, por una flota vizcaína y otra genovesa. Y al darse cuenta el francés del propósito de intervención del monarca aragonés, inició su retirada y se volvió a su patria. Esta flota vizcaína que interceptó los tesoros indebídamente apropiados por los franceses, fue sin duda, la del almirante lekeitiano Iñigo de Arteita, quien fue destinado al bloqueo de Gaeta, entonces en poder de los franceses (aunque inicialmente estuviera preparada tal armada para el segundo viaje de Colón.

Los capitanes de los buques de dicha flota eran Antonio Pérez de Leizaola y Sancho López de Ugarte, de solares entroncados con Guernica, como también Esteban de Acorda, Pedro de Aróstegui, Juan de Arteaga y Juan Martínez de Amézqueta. La plaza de Gaeta, al no poder ser socorrida por el intenso cerco marítimo impuesto por nuestros barcos tuvo que capitular (año 1496), rindiendo la plaza ante el Gran Capitán y (por la prematura muerte de D. Fernando II), el nuevo rey Fadrique de Nápoles.

Y deseando tanto los franceses como los españoles el restablecimiento de una tregua y paz entre ambas naciones, el día 5 de agosto de 1498 se firmaría el tratado de paz entre Francia de un lado, y los reyes de Castilla y Aragón, por otro.

La Primera Circunnavegación de la Tierra

Hacia las Molucas.- Quien iniciara esta expedición fue el portugués Magallanes, el cual, luego de obtener la aquiescencia del emperador Carlos V, para el fletamento de una armada encaminada a llegar a las Islas de las Especies por occidente, hubo de dirigirse a Sevilla.

En la capital andaluza, entró en contacto con la Casa de Contratación de Sevilla (entidad destinada a resolver los problemas ultramarinos españoles), y por mediación de ésta, con el capitán lekeitiano Artieta, para que adecuase las provisiones y abastecimientos necesarios para la expedición. El lekeitiano, proveedor de la armada, con el cuñado de Magallanes (Duarte de Barbod) y algún otro, se dirigió a los puertos de la costa vasca, donde se hizo con embarcaciones y toda clase de pertrechos navales, desde armamento (como: cañones, falconetes, lombardas, ballestas. lanzas, escopetas, etc.), hasta el menaje de la despensa y artes de pesca. Intervinieron también en las diligencias, el célebre abad de Jamaica, Matienzo, también bizkaíno, lo mismo que el contratista Domingo de Otxandiano, que ocupó su cargo, a la muerte de aquél.

Las naos que componían la armada eran: la Trinidad o capitana, de unos 110 toneles (son estimaciones aproximadas). En ella, sólo iba un bizkaíno: Domingo de Urrutia, lekeitiano.

En la San Antonio, de 120 toneles, con los bizkainos Juan Ortiz de Gopen (despensero), Pedro de Bilbao (calafate), Sebastián de Olarte y Juan Menchaca, bilbaínos. El carpintero bermeano Pedro de Sabtúa, Martín de Goitisolo (calafate), de Baquio, Pedro de Laredo (de Portugalete), Martin de Aguirre (de Arrigorriaga), y Juan de Orúe, de Munguía.

La Victoria, de 85 toneles, con los grumetes: Juan Machín, de Somorrostro; Juan de Arratia y Ochote (bilbaínos) y Juan de Zubilleta (paje), de Baracaldo.

En la Concepción, de 90 toneles, con Juan Sebastián Elcano como maestre, iban los bermeanos Juan de Acuno {contramaestre), Antonio de Basozábal (calafate), y los marineros, Joan de Aguirre, Martín de Isaurrazaga, y Pedro de Churduza (¿Chindorza?). Igualmente el portugalujo Pedro de Lorenzo.

Iba, además, en la expedición, el carpintero bizkaíno Aroca, sin destino fijo en ninguna nave.

Y termina la relación con la nao Santiago, la menor, de 75 toneles.

Debían constituir la expedición según las capitulaciones acordadas entre Carlos V y Magallanes, doscientos treinta y cuatro hombres, aunque realmente se estima que fueron 265 los participantes, de los que unos 90 serían españoles, y entre extranjeros y apátridas, compondrían el resto. Destaca la gran proporción de bizkainos que (según Arteche y M. Lourdes D. Trechuelo), pudiera estar relacionada con el transporte de estos barcos desde la costa Cantábrica a la ciudad de Sevilla y que, luego de cumplimentar el encargo, quedaron definitivamente al servicio de la empresa. En el resto, el enrolado en la ciudad andaluza, había gente de todo, la que normalmente abunda en todos los puertos, y su proliferación se explica, por ser entonces Sevilla, la capital de nuestro imperio colonial, que ejercía eapecial atracción, sobre los extranjeros de todo el mundo.

Y, ¿qué le llevaría a Juan Sebastián a enrolarse en aquella expedición? Es fácil colegir que, como muchos puestos de la Casa de Contratación sevillana estaban desempeñados por vascos, fueran éstos quienes le informaran de la expedición que se preparaba. Se explica también su aceptación, al hallarse nuestro héroe, arruinado, sin embarque, y además, al margen de la ley.

Veamos el porqué de hallarse en semejante situación. Nació nuestro protagonista hacia el año 1487. Dedicado a la navegación de cabotaje con nave propia, se alistó con ella en la empresa guerrera del cardenal Cisneros, tomando parte en las campañas de Orán, Bujía y Trípoli. Luego, bajo las órdenes del Gran Capitán, en la campaña napolitana. Arruinándose poco a poco, hubo de tomar prestadas a cuenta ciertas cantidades de dinero de unos mercaderes extranjeros que al no poder hacerlas efectivas a su vencimiento, tuvo que vender el barco a sus acreedores. Al hallarse esto prohibido por las leyes en vigor y situado por tanto al margen de la ley, huyó constantemente, hasta que llegó a Sevilla, donde se alistó (como hemos visto) en la expedición de Magallanes, y fue nombrado maestre de la nao Concepción, comenzando en ella, la primera parte de la aventura.

Mas, un breve paréntesis, referente a su naturaleza. ¿Nació realmente nuestro protagonista en Guetaria? Aunque la villa guipuzcoana señalada se la considera como su pueblo natal, tenemos nuestras dudas sobre el que fuera aquél puerto y no el pueblo de Lekeitio, donde primero la luz viera, tan ilustre marino. Pues, como se sabe, antes de celebrarse el Concilio de Trento, allá por los años 1545-1563, la Iglesia no llevaba anotación de los nacimientos ni bautismos en las familias que moraban bajo su tutela y, mucho más tarde aún el Registro Civil, que no quedó definitivamente implantado en España hasta el año 1880. Es por esto que, no es fácil saber a ciencia cierta, el lugar de nacimiento de muchas personalidades que destacaron antes de estas fechas y veremos hallarse en tal situación a Juan de la Cosa, Pedro Navarro, y tantos otros.

La madre de Elcano, Catalina del Puerto, era natural de Lekeitio (o por tal se la ha tenido en esta villa), donde aún hoy existe su casa (reconstruida), llamada «Letrakúa», sita en el Portal de Atea n.0 8, cuyo escudo de armas, reformado, reproduce el antiguo, aunque el artífice tallista omitiera en su trabajo, el grabar las palabras del Puerto, que se leían en el original.

Como decía Juan de Anzoris en Evocaciones históricas, es de suponer que, por la gran inclinación de la mujer Lekeitiana a preferir su casa materna como lugar de nacimiento de su descendencia (costumbre que aún impera hoy día), Catalina se trasladara a su casa de Lekeitio, cuando su primogénito Juan Sebastián, estaba a punto de nacer. O bien, naciera en los períodos en que los pescadores getarianos se dedicaban a las faenas de pesca desde el puerto-base de Lekeitio (La pesca tradicional en Lekeitio. Jose Manuel de Ugartechea. Año 1969). Sea lo que fuere, aunque sepamos que su niñez la pasara en Guetaria, su exacto lugar de nacimiento podemos sumirlo en una duda.

Para Arteche, el apellido del Puerto (salvo brotes en Usúrbil), lo considera exclusivo de Guetaria, pero no está informado debidamente, de que una rama de esta familia, residió en ésta y posteriores épocas, en la villa lekeitiana, e incluso alcanzaron en ella, cargos de cierta relevancia, como párroco, alcalde, etc.