26Thu042018

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Lekeitianos en el siglo XIX

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Guerras en el Siglo XIX 

Ocupación de Lekeitio por los Franceses

Se preveía el formar una escuadra de unas sesenta naves que eran de agruparse en Cádiz, para salir en socorro de la isla de San Miguel y reducir a los alzados por el pretendiente portugués.

Pero, noticiosos de que una escuadra francesa, bien pertrechada y armada, de potencia similar a la referida, se dirigía hacia aquellas aguas en apoyo de los portugueses, levó anclas con celeridad la armada de Bazán ya preparada, sin esperar a que se le sumara la vizcaína de Recalde, que se hallaba sin aparejar por completo.

Llegadas a las Azores ambas armadas y en presencia las fuerzas adversarias, se dispusieron a atacarse mutuamente. Eran las fuerzas españolas inferiores en número de unidades y dotación, pero como pudo verse después, harto compensadas estaban, con el experimentado mando y superior estrategia del almirante Bazán. Tras los primeros tanteos y escaramuzas, siguióse una encarnizada batalla en la que ambas naves capitanas se arremetieron furiosamente, quedando victoriosas las armas españolas. Fueron apresados y hundidos bastantes navíos franceses.

Había combatido la armada hispana en inferioridad numérica, pues no más de treinta y cinco navíos nacionales tomaron parte en la misma, pues el resto de la flota como las quince naves del almirante Recalde (además de otras rezagadas de la armada de Bazán), llegaron al teatro del combate dos semanas más tarde. Con ellas venía también el almirante lekeitiano Juan Martínez de Guillistegui, a quien acompañaban en la expedición veinticuatro convecinos lekeitianos. El contingente normal bizkaíno estaba reforzado, según pedido de S. M., por trescientos marineros «o los más que pudieran», según rezaba la solicitud real, y «como quiera que en este Señorío conforme a sus fueros y libertades no pueden ser quintados para yubiarlos a la fuerza»... dispuso la Junta de aquel organismo, el que se repartiera el contingente entre los lugares marítimos correspondientes.

La prosecución de esta batalla y conquista de las Azores se dejó para el año siguiente; regresó nuestra armada a la península, habiendo dejado en la isla de San Miguel un refuerzo de 2.600 hombres. Fue completada por Bizkaia, la petición real de un nuevo contingente de 800 hombres, y bajo la dirección de Oquendo y Recalde, colaboradores inmediatos de Bazán (Capitán General de la armada), se dirigieron nuevamente a ellas (año 1583), donde fueron conquistadas en tres días todas las islas, tras rendir 44 fuertes y ocupado 300 piezas de artillería, 14 naves francesas, 4 inglesas, 2 corsarias, y recobrándose las naves bizkainas y castellanas, detenidas el año anterior.
 

Incidente en Bermeo

Sucedió el día de Pentecostés, 26 de Mayo de 1822, un barco llamado San José; cuyo patrón llamado Nicolás Jauregui, de Lekeitio, y 4 marineros llamados, Domingo Iza de 30 años, José Ignacio Achurra de 36, (no aparecen más tripulantes), tras cargar en la ría de Bilbao 300 fanegas de sal, que iban destinadas a Bermeo para don José Vicente Aurrecoechea, una partida de Grasa destinada a Donostia-San Sebastián, una partida de Loza y 6 bultos o cajones con destino a Donostia-San Sebastián. Arribaron al puerto de Bermeo el día 1º de Pentecostés sobre las 4 de la tarde y por ser día de precepto el día de la llegada 26 y el siguiente 27, no pudo hacerse la descarga hasta el día 28.

El día 28 sobre las 4 ½ horas fueron sorprendidos todos, menos un marinero que se hallaba en misa, por una partida de hombres armados, que oyó decir eran facciosos en numero de 9 o 10 hombres. Fue preguntado el patrón Nicolás Jauregui por 2 de ellos que cual era el último cachamarin que había llegado cargado con sal, contestándoles no saber y preguntado cuál era el barco que aparecía en un papel que les enseñaron, les contesto que era el suyo, a lo que los armados le ordenaron imperiosamente que sacasen todas las pertenencias a lo que Jauregui les dijo que no tenía cosas que les hiciese falta. Inmediatamente dos de los armados engatillaron sus fusiles amenazándoles con disparar a lo que el patrón les dijo que registrasen ellos mismos el barco.

Habiendo encontrado los 6 cajones, sacaron los bultos de abordo ayudados de personas que se encontraban en el muelle, cajones que llevaron al interior de la villa.

Los marineros lekeitianos declararon que los armados no podían saber nada de la carga por boca de ellos, aunque sabe que vino con ellos un pasajero que no sabía su nombre ni su apellido pero que se encontraba en la posada de doña Mª Manuela Landa, quien dijo que se llamaba don José Urbistondo y que era la primera vez que le veía en su posada.

Los insurgentes a quienes algunos llamaban voluntarios, llevaron para la descarga a don Ramón Goitia Echebarria, carpintero y vecino de Bermeo, al que amenazaron con matarle sino les ayudaba a descargar los cajones, cosa que hizo ayudado por uno de ellos. Los cajones fueron trasladados al Portal del Convento de extramuros de esta villa donde vio que había otros 5 cajones, todos ellos de la lancha Lekeitiana. Observó como los armados soltaron un cajón y vio en su interior ropa militar, a lo que sin esperar a ver más se retiró a su carpintería.

Otro de los que fueron obligados a trasladar dichos cajones fue don Domingo Telleria, vecino de Bermeo, que llevó hasta el Portal de San Francisco y allí observó en los cajones que estaban abiertos, calzado, vestidos militares, morrones, sables y cartucheras.

El 5 de Junio de 1822, Nicolás Jauregui fue llevado a presencia del Juez de Guernica, quien ordenó su detención y conducción a la habitación del Alcaide carcelero de la villa de Guernica, aunque no hubiese causa que lo justificase.

El 8 de Junio de 1822, Nicolás Jauregui es puesto en libertad por el Juez de Guernica a instancias del Fiscal, porque no había pruebas contra él, ni tampoco indicios sospechosos.
 

Guerras Carlistas

En 1833 la mayoría de los campesinos, clases urbanas bajas de las provincias Vascas, Catalana y Aragón, toman las armas contra el gobierno liberal. En el País Vasco el ejercito carlista dominará pronto extensos territorios exceptuando las capitales y algunos pueblo. Lekeitio, estando en manos de los liberales, será fortificada en agosto de 1834, por real orden del gobierno.

Así y todo, proseguían los combates, que se desarrollaron con distinta suerte. En una ocasión, dirigía Zabala las fuerzas que actuaban por Durango; Simón de la Torre, que venía retrocediendo desde Orozco, pudo unir sus fuerzas a las de aquél, y en las calles de Guernica batieron completamente a su perseguidor, el barón de Solar que, derrotado, hubo de huir despavorido a Bilbao.

Pero, normalmente, las fuerzas del pretendiente seguían la táctica de guerrillas, escaramuceando continuamente a las tropas constitucionales, a quienes mantenían en continua zozobra y, a su vez, Espartel las perseguía constantemente, o bien efectuaba éste infructuosos paseos militares (llegó a llamársele el ordinario de Durango), ante un enemigo que habitualmente se le esfumaba de entre las manos, aunque a poco, amparado en la desigualdad numérica, pudo batir a las partidas de Zabala y del brigadier lekeitiano Armencha, en las cercanías de Bermeo. En esta acción fue hecho prisionero el lekeitiano y fusilado a los pocos días en Bilbao, momento en que demostró una gran entereza, y según Guiard, que lo toma de Menningsen, era Armencha quizá el más influyente personaje en Bizkaia y Gipuzkoa.

Sorprendió el puesto liberal de Valmaseda (9 de febrero) apoderándose de material de guerra, cañones y más de 500 prisioneros; a seguido, el Mercadillo (en el Valle de Mena) el día 11. Pasó luego a Portugalete, y de allí a Plencia que la tomó por asalto el 25. El 12 de abril de 1836 será conquistada la plaza fuerte de Lekeitio por los carlistas, sus 800 soldados capitulan, y se apoderan de dieciocho piezas de artillería y gran cantidad de pertrechos. Había estado guarnecida la villa marinera por unos mil hombres de los regimientos de Ronda y Logroño, además de otros destacamentos, y dos cañoneros anclados en el puerto que huyeron ante la acometida carlista, tras recoger en ellos a algunos significados moradores.

Los carlistas agarrándose a las piedras y echando el arma a la espalda con increíbles esfuerzos para subir, y así despreciando los asaltantes al enemigo, ganaron terreno. E igualmente actuó con precisión la artillería, que con su extraordinaria puntería, ponía los tiros a vanguardia de los que trepaban. Así fue tomado el fuerte.

Detrás de ellos subieron los artilleros de campaña, y juntos todos se echaron al asalto sobre el pueblo, y «desprevenido el enemigo, depuso las armas en las calles, en las casas y puestos interiores de defensa, conforme avanzaban nuestras tropas».

Simultáneamente con el asalto precedente y en el momento de ocupar el referido castillo, atacaron al fuerte de la isla, la artillería y las fuerzas que se hallaban frente a ella, e impidieron que el enemigo pudiera huir del puerto, fugándose en lanchas (como lo pretendieron), y obligaron a los de la isla a capitular.
 

Segunda Guerra Carlista

Durante el año 1875, segunda guerra carlista (18-2-1876), los carlista artillearon las poblaciones de la costa que más les interesaba para sus desembarcos de armas etc., como Lekeitio, Deba, Bermeo, Mutriku, etc. y tan bien actuaron las baterías situadas en estos puntos que los buques liberales de guerra apenas se atrevían a acercarse a tierra. El 10 de julio de ese año la fragata "Gazteiz-Vitoria" bombardeó la villa de Lekeitio y posteriormente la de Ondarroa.