19Fri012018

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Lekeitianos en el Siglo XVI

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Batalla de Rávena

Habiéndose apoderado el monarca francés Luis XII del condado de Bolonia y otras tierras pertenecientes a la Santa Sede, sostenía ésta una abierta guerra contra aquél, por lo que apeló el Papa Julio II a establecer una alianza con Fernando el Católico y la república de Venecia. 

Mandaba las tropas francesas el Duque de Nemours (Gastón de Foix); dirigía a los confederados, el virrey de Nápoles, don Ramón de Cardona. Se encontraron ambos ejércitos frente a frente (Pascua de Resurrección de 1512) en las proximidades de la ciudad de Rávena y las tropas francesas arremetieron contra las de la Liga obligándolas a replegarse, aunque a costa de grandes pérdidas por ambas partes. Halló la muerte el propio Duque de Nemours, y por parte española hicieron prisionero a Pedro Navarro. Murió bravamente en ella, el coronel bizkaíno Cristóbal de Zamudio, que había luchado en toda la campaña italiana a las órdenes del Gran Capitán, y siendo capitán, en 1503, con Diego García tomó a Castelnovo.

Consecuentemente a esta batalla de Rávena, en la que triunfaron las armas francesas sobre las españolas y deseando vindicar las glorias patrias, salió el marino lekeitiano Martín Sáez de Zearreta (1471-1534) al mando de la carabela Santa María a hacer guerra por su cuenta. Al avistar sobre la isla de Bujas doce naos francesas (ocho mercantes y cuatro de guerra, convoyándolas), sin tener en cuenta el desplazamiento de su nave (80 Tm.), ni su dotación (60 hombres), las atacó con tal pericia y coraje que, tras tres horas de rudo combate, echó a pique una de las naves, se apoderó de otras dos (con sus capitanes y ciento noventa hombres de pelea, poniendo en vergonzosa fuga a las demás, sin poder proseguir su persecución, por los estropicios que le fueron ocasionados en el combate. Fue recompensado este heroico hecho de armas por la reina doña Juana y su padre don Fernando, concediéndole permiso al glorioso capitán para poner en el escudo de sus armas la imagen de las cuatro naves de guerra rendidas y apresadas. "Claros varones de Bizkaia". Juan E. Delmas.

Invasión Francesa

En 1608 no tenía Lekeitio sino 308 fuegos, o sea unos 1900 habitantes. O quizá se tratara del contingente aportado por Adán de Yarza, del que se habla seguidamente.

Al mismo tiempo, para oponerse a las tropas francesas que invadían Nabarra y Gipuzkoa (año 1512), aparte de las provincias invadidas que llevaron el peso de la guerra, las tropas del Señorío intervinieron también fundamentalmente en la constitución del ejército defensor de nuestras fronteras que organizara Don Fernando. En la defensa de Donostia-San Sebastián se hallaba Juan de Arteaga, de Munitívar.


Esta invasión francesa, era debida a la protección del rey francés al ex-soberano navarro Juan de Albret, para tratar de recuperar el territorio navarro perdido por éste.

Ante la ofensiva francesa, el Duque de Alba tuvo que encerrarse en Pamplona, amparándose en el castillo y fortaleza circundante. El ejército del duque estaba integrado en gran parte por tropas bizkainas de las que mil hombres iban capitaneados por Ruiz de Abendaño, y otros mil por el caballero Gómez de Butrón.

En la defensa de la capital Nabarra cayó herido el entonces capitán Iñigo de Loyola, nacido en Azpeitia (barrio de Loyola), de noble familia guipuzcoana y descendiente directo por línea materna de los Licona de Ondárroa y Lekeitio. Tras su canonización y subida a los altares, fue declarado Santo Patrono de las provincias hermanas de Gipuzkoa y Bizkaia.

Acudió también a socorrer la capital Nabarra don Martín García de Yarza, del solar de Zubieta. Al mismo tiempo, dos cuerpos de tropas francesas invadieron Gipuzkoa llegando a cercar a Donostia-San Sebastián, donde se había encerrado toda la nobleza guipuzcoana y vizcaína. 

Tras ser rechazados por la ciudad hasta ocho asaltos, al acudir en socorro de la plaza sitiada otras fuerzas Vascas, los franco-nabarros levantaron el sitio y traspusieron los Pirineos.

Muchos bizkainos, entre ellos cuatrocientos vecinos de Lekeitio y también dos mil guipuzcoanos, tomaron parte en la batalla de Noain, junto a Pamplona, en la que fue derrotado el francés Esparroso. La reacción enemiga hizo su presencia el mismo año 1521 en el sitio puesto a Hondarribia por el Almirante Bonivet, y en el socorro a la plaza fronteriza hay que destacar el valor de los lekeitianos y de los donostiarras, que por el puntal de Higuer, y haciendo frente a los sitiadores, introdujeron en Hondarribia, hombres, municiones y alimentos.

La villa de Lekeitio aportó cien hombres para la defensa de la capital guipuzcoana y gastó (incluida la guerra de Nabarra), 281.555 maravedís. Aparte, también don Francisco Adán de Yarza con más de quinientos hombres que llevó por mar, socorrió la plaza donostiarra, pero con tal mala fortuna que al salir de ella (también por mar), fue hecho prisionero por los franceses, quienes le llevaron cautivo a una fortaleza francesa en la que permaneció más de seis meses, no saliendo de ella hasta después del pago del rescate pedido por sus aprehensores, que ascendía a más de tres mil ducados.
 

Batalla de San Marcial
 

En 1522, tuvo lugar la memorable batalla de San Marcial, en que las tropas vascas, a las órdenes del Capitán General de Gipuzkoa, tras su brillante actuación hicieron que los franceses levantaran el sitio de Behobia.

Una vez hecho prisionero el monarca francés (24 de febrero de 1525), por posterior concordia (14 de enero de 1526) se establecían entre ambos reinos (Francia y España) ciertas condiciones a satisfacer por parte francesa a cambio de la libertad del rey, y como garantía dejaba en el castillo de Pedraza a sus dos hijos mayores. Y al acordarse por la Paz de Cambray el que también los príncipes franceses recobraran la libertad mediante el pago de un rescate que importaba dos millones de escudos de oro, ¡oh, ironías del destino!, de orden del Condestable, sería precisamente el propio don Francisco Adán de Yarza quien (volviéndose las tornas) acompañara a 105 príncipes, asistiéndoles en viaje de regreso a su patria, luego que entregaran la plata y oro arriba citados, por el valor mencionado.
 

Contra Barbarroja

Barbarroja, apoyado por Solimán el Magnífico que le nombró su almirante, se había apoderado de La Goleta, y después de Túnez, cuyo rey Mulen Hassan, era vasallo de España. En su consecuencia, organizó España una armada de 420 velas con Carlos V al frente, bajo el mando de los almirantes Andrea Doria y D. Alvaro de Bazán. Participaba Bizkaia (comprendiendo Gipuzkoa) con veintitrés naves y mil quinientos hombres.

La escuadra expedicionaria conquistó el fuerte de La Goleta (Túnez), y luego de un desembarco delante de la ciudad, vencieron a las huestes de Barbarroja, haciendo su triunfal entrada en la ciudad el 21 de julio de 1535. Repuso el emperador a Muley Hassan en el trono, y estableció una guarnición española en La Goleta, Bizerta y Bona.

Pero el fabuloso imperio turco seguía con su potente flota como lo demostró en las posteriores batallas de San Mauro y Prevesa, en 1538. El día 27 de setiembre de este año, se hizo famoso por su arrojo, el capitán bizkaíno Machín de Munguía.

Con la toma de La Goleta se apoderaron de 86 naves de Barbarroja y 400 cañones. Al conquistar Túnez, recobraron la libertad 20.000 cristianos que se hallaban presos en la alcazaba, entre ellos los bizkaínos apresados en las naves de Portuondo. Intervino también en esta gloriosa acción el almirante lekeitiano Arteita.
 

Toma de Las Azores (1532)

Se preveía el formar una escuadra de unas sesenta naves que eran de agruparse en Cádiz, para salir en socorro de la isla de San Miguel y reducir a los alzados por el pretendiente portugués.

Pero, noticiosos de que una escuadra francesa, bien pertrechada y armada, de potencia similar a la referida, se dirigía hacia aquellas aguas en apoyo de los portugueses, levó anclas con celeridad la armada de Bazán ya preparada, sin esperar a que se le sumara la vizcaína de Recalde, que se hallaba sin aparejar por completo.

Llegadas a las Azores ambas armadas y en presencia las fuerzas adversarias, se dispusieron a atacarse mutuamente. Eran las fuerzas españolas inferiores en número de unidades y dotación, pero como pudo verse después, harto compensadas estaban, con el experimentado mando y superior estrategia del almirante Bazán. Tras los primeros tanteos y escaramuzas, siguióse una encarnizada batalla en la que ambas naves capitanas se arremetieron furiosamente, quedando victoriosas las armas españolas. Fueron apresados y hundidos bastantes navíos franceses.

Había combatido la armada hispana en inferioridad numérica, pues no más de treinta y cinco navíos nacionales tomaron parte en la misma, pues el resto de la flota como las quince naves del almirante Recalde (además de otras rezagadas de la armada de Bazán), llegaron al teatro del combate dos semanas más tarde. Con ellas venía también el almirante lekeitiano Juan Martínez de Guillistegui, a quien acompañaban en la expedición veinticuatro convecinos lekeitianos. El contingente normal bizkaíno estaba reforzado, según pedido de S. M., por trescientos marineros «o los más que pudieran», según rezaba la solicitud real, y «como quiera que en este Señorío conforme a sus fueros y libertades no pueden ser quintados para yubiarlos a la fuerza»... dispuso la Junta de aquel organismo, el que se repartiera el contingente entre los lugares marítimos correspondientes.

La prosecución de esta batalla y conquista de las Azores se dejó para el año siguiente; regresó nuestra armada a la península, habiendo dejado en la isla de San Miguel un refuerzo de 2.600 hombres. Fue completada por Bizkaia, la petición real de un nuevo contingente de 800 hombres, y bajo la dirección de Oquendo y Recalde, colaboradores inmediatos de Bazán (Capitán General de la armada), se dirigieron nuevamente a ellas (año 1583), donde fueron conquistadas en tres días todas las islas, tras rendir 44 fuertes y ocupado 300 piezas de artillería, 14 naves francesas, 4 inglesas, 2 corsarias, y recobrándose las naves bizkainas y castellanas, detenidas el año anterior.