23Mon102017

Back Historia Hace Tiempo Sitio de San Sebastian 1719

Sitio de San Sebastián

  • PDF

GUERRA DE ESPAÑA CONTRA FRANCIA - GUERRA INTERMITENTE - SIGLO XVIII

AÑO 1719 - SITIO DE SAN SEBASTIÁN

Lequeitio ha mantenido desde muy antiguo, una gran amistad con las ciudades de San Sebastián y Fuenterrabía, como consecuencia de las ayudas enviadas cuando estuvieron sitiadas por tropas del ejercito francés los años 1700 y 1719.

Como consecuencia de estos hechos hubo un intercambio de cartas y mensajes entre la villa de Lequeitio y la ciudad de San Sebastián, que pasamos a relatar.

El año 1700, hallándose el ejercito francés, en las cercanías de Irun y no sabiendo de la ayuda que recibiría del Rey Carlos II, escribió la siguiente carta el alcalde de la ciudad de San Sebastián, a la villa de Lequeitio:

"M.N. y M.L. Villa de Lequeitio. Los avisos con que amenaza invadir esta provincia el Rey Critianísimo y las órdenes que tengo de S.M (Q.D.G.) de disponer mi defensa conforme es mi obligación, me recuerdan la primera, de notificar s V.S. como pide nuestra antigua, segura e indefectible amistad para que con su asistencia pueda lograr el real servicio en su propia defensa a que espero atenderá V.S. con igual celo, amor y prontitud que siempre he experimentado; y así mando este aviso quedando con el cuidado de enviar más datos de los movimientos de las tropas del Rey Critianísimo, y en el ínterin como siempre deseando a V.S. muchas ocasiones de su agrado y satisfacción.

Guarde Dios a V.S. los muchos años que deseo. De mi ayuntamiento de la M.N. y M.L. Ciudad de San Sebastián a 5 de Noviembre de 1700. Alberto de Zuaznavar, Francisco de Larrivaherrera Por la M.N. y M.L. ciudad de San Sebastián. Miguel de Eguzquiza."

Como se lee, es una carta de aviso para que la villa de Lequeitio estuviese preparada en caso de necesidad, y para saber de la valentía de los Lequeitianos, he aquí la respuesta del ayuntamiento de la ciudad de San Sebastián a la carta que le remitió la villa de Lequeitio el día 6 en respuesta de la anteriormente citada.

" M.N. y M.L. Villa de Lequeitio. Recibo con igual estimación a la fineza de los favores continuados de V.S. de su carta del 6 de este, y quedo con el reconocimiento que corresponde a su segura e inalterable amistad, creyendo con fe cierta su asistencia y ayuda, para lo cual daré a V.S. aviso a tiempo; pongo en su conocimiento las noticias que he recibido de personas de confianza, según las cuales podemos esperar que se alargue el ataque que nos permitirá prepararnos mejor, en cualquier caso me hallara V.S. pronto a sus órdenes, deseando merecerlas con frecuencia, para crédito de mi verdadera e inefable amistad:
Guarde Dios a V.S. en toda felicidad dilatados años, que deseo . De mi ayuntamiento de la M.N. y M.L. ciudad de San Sebastián a 7 de Noviembre de 1700. Alberto de Zuaznavar. Francisco de Larrivaherrera. Por la M.N. y M.L. ciudad de San Sebastián : Miguel de Eguzquiza."

Por lo que se lee, la amistad que les unía a las dos poblaciones era, por lo que se refiere al año de 1700, muy grande.

El año de 1719 estando, el puerto de Pasajes, rodeado por tropas francesas, a fin de sitiarla, recibe la villa de Lequeitio la primera carta:

"Habiendo llegado al puerto de Pasajes, que es de mi jurisdicción, tropas francesas, según sospecho, con el fin de sitiarla y a las ordenes, para su defensa, que me ha comunicado su comandante, me recuerdan la de notificar a V.S. como pide mi antigua y segura amistad, para que con su pronta asistencia como pide la ocasión, pueda lograr con urgencia el real servicio y mi propia defensa, a que espero atenderá V.S. con igual celo, amor y prontitud, que siempre he experimentado. Quedo a su servicio deseando le guarde Dios por muchos años. De mi ayuntamiento de la M.N. y M.L. ciudad de San Sebastián a 23 de Abril de 1719. Antonio de Arnite Sarove Pedro de Arbaiza. Por la M.N. y M.L. ciudad de San Sebastián Miguel de Eguzquiza."

Eran gobernantes , en aquellas fechas, de la villa de Lequeitio:
Del ayuntamiento : Don Juan de Meabe
De la Cofradía : El Capitán Don Pedro de Oriosolo
Regidor : Nicolas de Zatika
Secretarios : Pedro de Deustua y José de Gomendio Urrutia.

Que inmediatamente se juntaron y se pusieron manos a la obra, pues la urgencia lo requería y mandaron la siguiente respuesta :

" M.N. y M.L. ciudad de San Sebastián: Recibo con sumo dolor la noticia, que V.S. me notifica en carta del 23 de este, de que las tropas francesas han penetrado hasta el puerto de Pasajes, y aumenta mi dolor viéndome con falta de gente, pues en este momento la mayor parte de la poca población que tiene mi villa, se halla en la real armada, y en otros viajes particulares. Deseo manifestar a V.S., mis mas ardientes deseos de obediencia e inalterable lealtad en el real servicio, y que V.S. se satisfaga de mi verdadero afecto, antigua amistad y buena correspondencia que siempre le he profesado, como V.S. lo ha tenido conmigo. Así, en cuanto mis cortas fuerzas me permitieran, me tendrá a su disposición y por lo cual he prevenido a todos mis vecinos que se preparen con armas y municiones, para acudir con máxima urgencia.
Quiera Dios darnos feliz desenlace en este suceso y guarde a V.S. por muchos años.
Lequeitio y de mi ayuntamiento, a 29 de Abril de 1719.
Don Juan de Meabe. Nicolas de Zatica. Por la M.N. y M.L. villa de Lequeitio su secretario José de Gomendio Urrutia."

Como se ve la villa de Lequeitio, en cuanto recibe la primera carta se prepara, más que en su propia defensa, en acudir a ayudar a San Sebastián y Fuenterrabía por la gran amistad y lealtad que se profesaban, por lo que manda su ayuntamiento, reunidos el 11 de Mayo de 1719, el siguiente decreto:

"Que por cuanto el ejercito de Francia, tenía sitiada la ciudad de Fuenterrabía y como se temía que viniese a invadir alguna escuadra enemiga, y como se hallaba Lequeitio preparándose para enviar socorro a la ciudad de San Sebastián, se manda : que ningún vecino natural ó residente en esta , salga de ella con pretexto de algún viaje largo por mar o por tierra y que se haga luego una lista general de todos su habitantes.
Y como los mosquetones que había eran muy antiguos y estaban estropeados los más de ellos, se reparasen con cajas y llaves nuevas, para lo cual se da comisión a los señores del regimiento y se les encarga máxima rapidez.
Y que se ponga atalayero en la barra para que se observe el movimiento de las embarcaciones.
"

El 25 de Mayo del mismo año, se reúne otra vez el ayuntamiento y ordena el siguiente decreto:

"Considerando, que los mosquetones viejos ya nuevamente reparados con llaves y cajas nuevas, no bastaban para los vecinos que había en la villa, porque la mayoría no tenían armas propias, el ayuntamiento manda que se traigan cincuenta fusiles nuevos y para este efecto se escriba al Gobernador de Plasencia, y se da comisión a los señores del Regimiento para que ajusten su costo, y se puedan vender al mismo precio entre los vecinos."

Se trajeron los fusiles de Plasencia que se repartieron entre los habitantes de la villa, se repararon los cañones que había en la villa, aproximadamente 15 unidades, que formaba su artillería, situadas en:

Santa Catalina de Anchoriz, en las dos atalayas y en la isla de San Nicolas de Bari, y se prepararon para la defensa.

El día 11 de Junio del mismo año, se reunió el ayuntamiento con urgencia y se acordó el siguiente decreto:

"Por hallarse la ciudades de San Sebastián y Fuenterrabía sitiadas por las tropas francesas y la villa de Lequeitio empeñada en su asistencia y socorro, habiendo avistado en estas costas una escuadra enemiga de navíos ingleses dispuesta a invadir a las citadas ciudades y al mismo tiempo socorrer a las tropas francesas, mandamos que se formen cuatro compañías con sus cabos correspondientes, sin que por ahora se llame a la gente de tierra dentro, se da comisión a los Señores del Gobierno para su formación inmediata."

Se formaron las cuatro compañías con sus correspondientes Capitanes que fueron:

  • Don Pedro Bernardo de Villarreal
  • Don Agustín Ibañez de Rentaría
  • Don José Francisco de Unceta
  • Don Juan Ibañez de Zabala.

Y sus correspondientes Tenientes que fueron:

  • Don Ignacio de Avernica y Lizaranzu
  • Don Francisco de Artaza, licenciado
  • Don Antonio de Beingolea y
  • Don Domingo de Burgoa.

A continuación se escribieron ordenanzas y reglamentos para su buen gobierno, y que son las siguientes:

1º Que cada vecino soldado, tenga una libra de pólvora y veinticuatro balas del calibre de su fusil, así como cuatro piedras de chispa.

2º Que además de los cabos nombrados, se nombren por ellos otros cuatro cabos de escuadra para que reciban las ordenes que hubiere, y puedan también ser cabos algunos guardias que se necesiten poner en diferentes parajes.

3º Que la guardia principal se ubique en la plaza debajo de la Casa Consistorial, otro cuerpo de guardia en la Atalaya, dos mas de poca importancia en la ermita de San Roque e Isunza, y por último otras dos en Arzabala para vigilar Carraspio e Arzabala.

4ª Que cualquier embarcación que entrase por Isunza, aun siendo amiga, se le tomase datos por un cabo y un soldado, y al maestro de la nao se le trasladase hasta el cabo principal de la compañía, y si fuera necesario se le trasladara hasta el Alcalde, junto con los pasajeros que levantasen sospecha.

5º Que cada cabo principal, al comenzar la guardia, se reuniese con el Alcalde, para ver si había alguna novedad u orden.

6º Que siempre que el Alcalde lo ordenare, los cabos principales le debían asistir con dos, cuatro, seis o más soldados con total puntualidad, a cualquier hora y para cualquier función.

7º Que cuando se viese al enemigo cerca de la villa ó intentando entrar por cualquier paraje: se tocara la campana de la Atalaya; de la guardia de la Plaza se envíe un soldado al sacristán para que toque las campanas de la Iglesia a rebato; al mismo tiempo en la guardia mencionada se dispararan algunos tiros al aire y se tocara el tambor a rebato con mucho estruendo.

8º Que cuando se toque a rebato, todos los habitantes se dispongan en su sitio correspondiente, que los cabos principales les hubieran señalado, menos los que se encontraban de guardia, pues estos no podían dejar su puesto sin expresa orden, y todo esto con total puntualidad y prontitud y el que no lo hiciere así se le castigaría con mucha severidad.

9º Que siempre que los cabos principales avisaren a los de su compañía, se juntasen con prontitud para acudir a algún sitio para pasar revista de armas y hacer ejercicio de tiro y al que faltare a la obediencia le multe el Alcalde con aviso del cabo.

Con este decreto se empezó la guardia de noche así como los días de fiesta y los días que se iba a la mar, se hacia ejercicio por compañías, y a veces todas juntas. De día el atalayero, daba cuenta al Alcalde de todos los barcos que había visto.

El 12 de Junio de 1719, reunido el ayuntamiento toma la decisión de escribir a los señores gobernantes del Señorío, dando cuenta de todo lo que ocurre en la villa y del estado en que se encontraba la artillería así como de la falta de pólvora, pidiendo a su Señoría les entreguen:

dos quintales de pólvora para la artillería, quinientas piedras para fusiles de llave española, y quinientas para fusiles de llave extranjera.

Nombrando como Contestable de dicha artillería a don José de Mendeja, y dándole facultad para la buena disposición y para elegir como artilleros a quien él quisiera.

Envió el Señorío la pólvora necesaria y don José de Mendeja puso la artillería en buen estado, y preparó los cartuchos y balas conforme al calibre de los cañones, así como todos los instrumentos necesarios para su carga y descarga, señaló los artilleros y se hicieron los ejercicios tanto en días normales como en los festivos.

Durante esos días llegó una carta de la ciudad de San Sebastián, que rezaba así :

"M.N. y M.L. villa de Lequeitio: Como indicación a su anterior carta, donde me cuenta la escasez de gente que tiene, por hallarse en la mar o en otros menesteres, y no siendo mi ánimo el de restarle la que necesita V.S. para su conservación. Hallándome ya sitiada y sin comunicación posible por tierra, recurro a su favor, con la total confianza que me da nuestra inalterable y antigua amistad, para que se sirva enviarme con la mayor brevedad, todos los carneros vivos que cupieran en dos chalupas bien tripuladas y avisándome con el patrón del coste de los carneros así como de su fletamiento. Para que su navegación sea más segura, les aconsejamos que entren en Guetaria, donde se informaran de los movimientos de los tres navíos ingleses que estuviesen a la vista de sus barcos, pues a veces se acercan a tierra con gran osadía.

Ratifico a V.S. mi atención a su servicio y deseo que le guarde Dios en la mayor felicidad por muchos años.
De mi ayuntamiento de la M.N. y M.L. Ciudad de San Sebastián a 3 de Julio de 1719.
D. Antonio Arnite Sarove
D. José Manuel Arnaez Berra
D. Sebastián Miguel Eguzquiza

En la posdata se observada la minuta adjunta:
Las señas que han de observar las lanchas que han de venir de Lequeitio y reservaran los maestres para su gobierno, son las siguientes:

Sobre la entrada del puerto de San Sebastián hay un baluarte en el que hay cuatro piezas y cuando en este baluarte se hace fuego es señal de que la entrada esta libre.
Cuando se hace fuego bajo el castillo en el paraje que llaman “calabaza” es señal que no esta libre la entrada. Esto en cuanto se refiere a San Sebastián. En cuanto a Guetaria si se hace fuego en la cima del monte de San Anton, es señal de que la entrada no esta libre. Pero cuando el fuego se hace en la parte baja del mencionado monte es señal que la entrada esta libre en Guetaria.

La carta anteriormente citada se recibió el 7 de julio y el mismo día se reunió el ayuntamiento en pleno y especialmente se convocó a todos los marineros de las chalupas.

Se leyó la carta de San Sebastián y el primero de los maestros que se ofreció fue Martín Goyo que puso a disposición del ayuntamiento su chalupa y su persona, y mostrando su gran valentía se ofreció para luchar contra los barcos enemigos, pues su tripulación iría bien armada.

A continuación todos los demás le aclamaron y se pusieron a gritar que todos irían a socorrer a la ciudad de San Sebastián, y entre ellos se ofreció gente de tierra para acompañarles con armas.

El ayuntamiento, viendo que la respuesta era tan generosa por parte de la gente, y que estaban resueltos para la lucha, se decreto lo siguiente :

DECRETO

Que se daban muchisimas gracias a todos los maestres de chalupas y a todos los marineros, que tan generosamente se habían presentado para prestar ayuda desinteresada a la villa de San Sebastián, que se encontraba sitiada por tierra y sin comunicación alguna y por mar por tres navíos enemigos ingleses de guerra; y porque para tanta valentía se correspondía con otra valentía igual.

Que ninguna chalupa que vaya al dicho socorro lleve arma alguna, pues con chocar con las barcas enemigas no se obtiene provecho alguno para la ciudad ni con vencer alguna de ellas se quita fuerza de consideración a los navíos de guerra y de cualquier suerte era preciso no perder ningún vecinos de las tripulaciones, y que así si se encontrase alguna chalupa en distancia de menos de tiro de fusil y viesen que a fuerza de remo no podían escapar, se rindiesen y entregasen; y que en este caso la villa pagará el valor de la chalupa ó chalupas y atenderá a las familias de su tripulación en el tiempo en que estuviese prisionera; y que además del pago que les diere dicha ciudad por el fletamiento, la villa dará una gratificación a cada una por cada viaje.

Que se busquen cuantos carneros se pudieran a cuenta de la villa así como cuanto se ofreciere y pidiere la ciudad y para todo se da comisión a los señores del regimiento, como para ajustar el fletamiento, escribir a las villas de Marquina y Guernica para que franqueen sus carneros y obligarlos y se suplica a dichos señores tengan gran vigilancia para aportarlo todo de forma que la ciudad sea servida en todo y por todo a toda su satisfacción y de calidad que esta villa quede con subidos quilates de honor por haberse esmerado con evidente distinción y emulación de los demás puertos y lugares en la estrecha obligación que debe a la dicha ciudad, y en el servicio real; y se encargara a los maestres, que sus chalupas lleven bien tripuladas y con gente escogida para remar.

Por cierto, fue tanto el esmero del ayuntamiento y de la villa de Lequeitio que al día siguiente se despacho una chalupa con efectos y con una carta en respuesta a una que se recibió antes de que partiera la susodicha chalupa, que es la siguiente.

M.N. y M.L. ciudad de San Sebastián: Ayer recibí la muy estimable carta de V.S. de tres de este en que se sirve, acordándose de nuestra antigua hermandad y amistad ( tan apreciable para mí ) para mandarle con la mayor brevedad posible dos chalupas con los carneros que puedan ir en ellas.

Convoqué ayuntamiento, en el que todos los maestres de chalupas se ofrecieron voluntarios para el socorro de vuestra ciudad e inmediatamente se pasó a solicitar carneros por toda la comarca, pero hoy solo se han conseguido 32 de estos animales, de los cuales 22 han costado 568 reales y medio de vellón y de los otros 10 todavía no se sabe el precio; y habiendo escasez de este genero de ganado en este país, se ha recurrido a Marquina y Guernica y su contorno para la segunda chalupa, por lo que si se lograsen de estos animales, iría mañana la segunda chalupa.

Cualquier cosa que quiera para su alivio, no tiene mas que pedírnoslo y este seguro que cumpliré con todo por nuestra inalterable amistad y con el dolor en que me hallo, por el sitio donde se encuentra V.S. Esta chalupa va enterada de las instrucciones y señas que V.S me envía y ajustada con 300 reales de vellón, y queda por mi cuenta el darles una gratificación por su valor y fineza; y las demás concurren por mi desempeño, pues le he asegurado por su valor en caso de perderlas y de atender a las familias de la gente si cayesen prisioneros; repito a V.S. que para cuanto valieren mis servicios los tiene V.S. prontos, sintiendo no puedan ser tantos como desea mi amor y celo.

Dios guarde a V.S. en su mayor gloria aumentándola en los trabajos.
De este mi ayuntamiento de la villa de Lequeitio a 8 de Julio de 1719.
Don Juan Meabe, don Nicolas Zatica. Por la M.N. y M.L. villa de Lequeitio su secretario don José Gomendio Urrutia.“

Después de escrita esta carta, llega una carta traída por don Andrés Ansotegui escrita por don Martín Oleaga con fecha de ayer en el que dicen que se envían dos bueyes cuarteados por cada día, que es lo que podrá servir a V.S. y estando para partir la chalupa mandó que se embarcase el que acaban de matar, y que sus cuartos pesan 38 reldes y se han ajustado en 6 reales y medio de vellón, y me avisará V.S para que se la envíen carneros de entre año pues de estos había algunos.

A continuación se despacharon cartas a Marquina y Guernica y sus contornos. La villa de Marquina con fina voluntad franqueó los pocos que tenía, y la de Guernica dio la negativa, que fue sumamente sentida pero tolerada contra la voluntad de algunos.
Con los carneros que se pudieron recoger y con cuatro bueyes cebones hechos cuartos, se despachó otra chalupa. Y llegó también el maestre Martín Goyo que trajo la siguiente respuesta.

M.N. y M.L. villa de Lequeitio: Recibo con total agrado y estima la carta de V.S. del 8 del corriente, con muestras de nuestra tan antigua amistad y siempre tan apreciable para mí y dándole las más fervientes gracias por el pronto envío de los 32 carneros vivos y un buey muerto y siguiendo el dictamen y sin quiebra de la amistad que V.S. tengo, suplico que después de enviarme los carneros que tuviese comprados, que la provisión siguiente sea solo de cebones y que sean 6 por cada día y de su traída se podrá hacer como V.S. lo juzgue oportuno.

He pagado a esta chalupa los 300 reales de vellón que V.S. ajustó por su viaje y remitiré el importe principal en cuanto lo sepa así como cumpliré en todo lo que acordase V.S. con su gente. He hecho que este maestre hable con el atalayero que hace la señal de si se puede entrar ó no, para que lo atine mejor, y para todas las ocasiones repito y renuevo mi total agradecimiento a V.S.

Todavía no ha empezado el ataque de los enemigos, por no haberles llegado la artillería, pero que esta tan cerca que no se puede salir al arenal. Y ruego a Dios guarde a V.S. muchos años que es mi deseo. De mi el ayuntamiento de la M.N. y M.L. ciudad de San Sebastián a 9 de Julio de 1719.

Remito en esta chalupa 25 fanegas de trigo para reducir a harina. Y suplico también a V.S. este cuidado y que vengan en algunas de las que traigan los cebones y en otra que enviaré, en otras tandas.
Don Antonio Amite
Don José Manuel Arnarez Berra.
Por la M.N. y M.L. ciudad de San Sebastián, Miguel Egusquiza.

Desde el día 8, en que empezó el socorro a la ciudad de San Sebastián, hasta el día 18 del mes de julio, fueron 6 las chalupas que fueron a dicha villa, que transportaron 67 carneros, 18 bueyes cebones, 100 fanegas de trigo que trajeron de San Sebastián para convertirlos en harina, 5 pipas de vino y otras mercancías.

Se compraron 50 bueyes cebones a 6 reales y medio en canal. Lo peor de este socorro era el transporte, pues con el calor la carne de los bueyes se perdía.

La ciudad de San Sebastián había pedido vino tinto chacolí que por desgracia no había más que 12 pipas, de 2 barricas cada una, y con prontitud se pidió que se trajese de fuera, y se mandó recado de que no faltaría vino para celebrar misa y que mientras llegaba el vino que se había pedido que la gente se las ingeniase como pudiese y bebiese agua. También se les dijo que como les gustaba el vino de La Rioja, que a la mayor brevedad se les mandaría dicho vino de La Rioja.

Después del día 18, como a los dos o tres días, se despachaban chalupas ya con bueyes cebones ya con harina, algunas otras con carneros, vino, aves, verdura y con cuanto se podía recoger por la comarca; a la vuelta se traía trigo para reducir a harina, los molineros estaban prevenidos para que con la mayor rapidez se moliese y como venía húmedo, las mujeres estaban también prevenidas para ponerlo al sol y secarlo.

Durante este tiempo se hacían guardias sobre todo por la noche, y también se había avisado a las repúblicas vecinas, para que mandasen todos los hombres disponibles para este fin, cosa que lo hacían con toda celeridad y presteza, conforme a lo acordado en las reuniones que habían tenido conjuntamente.

Aunque la navegación era muy peligrosa por los 3 navíos ingleses que llevaban barcazas y estaban armados con cañones, los marineros lekeitianos se emplearon a fondo en el transporte y socorro, que aunque recibían dinero por su trabajo, era más por el cariño con que eran recibidos y tratados por los ciudadanos de San Sebastián.

Durante este tiempo la mar estuvo totalmente en calma y no supuso ningún peligro para la navegación, pero el cariz de la guerra iba de mal en peor, por el cerco que estaban poniendo los franceses, que ya para esas fechas habían tomado las faldas del Zeldo, en Pasajes y sucedía que algunas chalupas al tener que arrimarse hacia ese lado, eran recibidos por tiros de fusil de los franceses, así como al alejarse eran perseguidos por las barcazas de quienes escapaban a fuerza de remar con vigor y fuerza, así sucedió que habiéndoles perdido el miedo y la vergüenza solían arribar al puerto de Guetaria para repostar fuerzas.

Y estando cada vez con más fuerza y valor para llevar la ayuda y socorro, se recibió la ultima carta de triste suceso, en el que pedían no se les enviase más ayuda, pues la ciudad estaba a punto de rendirse y agradecían al villa de Lequeitio, su valor, generosidad y valentía en la ayuda que habían prestado.

En la villa de Lequeitio, se ordeno que la gente se estuviese quieta, pues había gente que todavía pedía ayuda para la ciudad de San Sebastián.

A primeros de Agosto de 1719, cercado por el ejercito francés que la estaba bombardeando, y viendo que no tenían gente para defenderla y lo único que conseguirían era la total destrucción de la ciudad, se rindieron al enemigo y así salvaron la ciudad.

Y esto es lo que sucedió en el cerco que impusieron los franceses a la ciudad de San Sebastián, y la ayuda valiente que ofreció la villa de Lequeitio, con la bizarría de sus marineros, exponiéndose a morir en dicha empresa, cosa que no ocurrió.