20Fri102017

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Arquitectura Civil

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En Lekeitio existen aun suficientes testimonios para comprender cómo, fueron evolucionando las formas constructivas, plasmadas en las casas de los vecinos a lo largo de los siglos, pudiendo establecerse, unas veces con mas propiedad que otras, dos ámbitos o niveles diferenciados, el popular, el puramente funcional, que pretende tan solo salvar las necesidades, y el culto, que propende, además, a hacer ostentación de riqueza.

Unos y otros, sobre todo aquellos, han ido deteriorándose mucho con el paso del tiempo y no son pocos los elementos desaparecidos o sobre los que se ha cernido el abandono, siendo especialmente lamentable que se desconozca en la practica una tipología especifica la casa del pescador.

La casa popular medieval se codifica en Lekeitio a través de diferentes ejemplares, siendo uno de los de mas personalidad el de calle Bergara nº 15, parcela estrecha entre medianerías y construcción alta, de materiales de poca calidad escondidos tras el enlucido de varios pisos volados sobre el plano de la planta baja, donde se abre un acceso apuntado y un vano para iluminar un obrador o una bodega. En la calle Tórtola nº 2 (San Pedro Baltza) hay una ruina de casa de similares características, y también en Behekokale nº 17, y en Ezpeleta nº 24. Sin embargo, el edificio de mas pretensiones de entre los de esta condición esta en Ezpeleta nº 29, asentado sobre parcela doble, con voladizo entre espolones colgados, de base abocetada escalonada. De medio punto. 

A pesar de que - por sistematizar un poco el discurso- se hacen diferencias entre lo culto y lo popular, en este segmento de la historia local es donde menos precisiones se pueden hacer, porque no son nada abismales las diferencias, pues faltan en Lekeitio edificios góticos y renacentistas verdaderamente finos, como los que existen en otras partes de Bizkaia (Markina, Ermua, Elorrio). Pero llegados los siglos del barroco, las fronteras entre lo uno y lo otro son más evidentes, se determinan mejor la casa del villano y la del linaje destacado (armadores, capitanes, ferrones), a las que no suelen faltar símbolos (heráldicos). 
 

Los siglos XVII y XVIII aportan algunas casas de condición popular. Así la de calle Azpiri nº 15, en estado lamentable, con su voladizo entramado sobre pies derechos y jabalcones vistos, edificio sin tantos acondicionamientos de espacio como algunos de los de la etapa anterior. No suele socorrerles el lujo a estas células de habitación, pero no faltan algunos aleros labrados con cierta gracia. De difícil documentación casi toda la arquitectura de este tipo, cualquier detalle ornamental puede convertirse en fundamental elemento de datación. Por lo que se puede apreciar en Lekeitio, y en evidente correlación con lo que ocurre en la faceta culta, lo del siglo XVII es mucho más abundante que lo de la centuria siguiente, que aparece muy apagada.
 

El neoclasicismo del siglo XIX difumina mucho los ámbitos culto y popular, por la calidad constructiva media digna de la mayoría de las casas, que se someten a normas más rígidas y también más monótonas. Este es uno de los rasgos principales de la arquitectura popular decimonónica de Lekeitio, su monotonía, repitiéndose los mismos esquemas en los diferentes entornos de la villa. El segmento 21 a 27 de Tendería (Goikokalea-Dendari), un segmento de la calle Trinidade, varias casas de la calle Bergara (nº 12-14) son buenos ejemplos para ilustrar lo que se quiere expresar.

En algunas el tamaño grande es también aspecto característico, conformándose a veces caserones de dimensiones notables, tal como ocurre en Dendari nº 1, donde hay que destacar un complemento de interés: la fórmula de los herrajes -como los del antiguo consistorio de Ondarroa-, diferente de la cansina repetición de barrotes rectos unidos con volutas que se aprecian por toda la villa. Las casas que no acumulan varios solares de la fortificación medieval presentan resultados más modestos, y para entenderlo se puede llamar la atención sobre la nº 6 de la calle Gerrikabeitia, termino y final de la fórmula residencial histórica urbana que venia evolucionando desde el siglo XV. 

Mejor que a través de lo expuesto, el retorno hacia el pasado y a sus formas de vida se realiza tomando como vehículo los fósiles de piedra cargados de símbolos heráldicos de las torres fuertes y de los palacios, apreciables retazos de historia local, lo que haremos tomando algunos casos aislados y dejando de lado otros, para que el poblado bosque de elementos patrimoniales de Lekeitio no impida entender el propio objeto de estudio. De las hostiles torres fuertes medievales (Urkiza, Likona, Yarza, Uriarte, etc.) pocas han logrado sobrevivir.

De entre ellas se cita en primer lugar la de Uriarte, estudiada por J. del Valle, envuelta en un importante palacio barroco del siglo XVII. La torre Maguregi, en Arranegi esquina a calle Bergara, bien pudo ser edificio fortificado, pero en el siglo XVII conoció una transformación importante hacia lo residencial, de lo que son testigos los dos accesos clasicistas abiertos hacia la calle Bergara.

La llamada Natxitukoabadia o Torre de Leniz, en Ezpeleta nº 14 (remodelado recientemente), tiene mucho interés. Sobre su trayectoria acaso pudiera hacer algo de luz la labra del dintel - llaves de San Pedro- en la puerta de la bodega, en el muelle. No debería ser asunto a descartar que haya servido alguna vez de sede de la Cofradía de Pescadores de San Pedro, lo que constituiría un interés histórico añadido. Por su parte, ni Torre Likona ni Torre Yarza tienen ya nada que justifique su nombre.

La torre de Turpin renuncia a su condición defensiva, en beneficio de la residencialidad, que asoma a través de las seis ventanas regularizadas y amplias de la fachada, huecos enriquecidos con guarnición de alféizares y guardapolvos Pometeados. La sillería de tamaño intermedio ha sustituido a otros materiales menos dignos, como el mampuesto o el sillarejo. 

Bien que acumulado casi todo en la segunda mitad del siglo, la arquitectura barroca del Seiscientos ofrece un catalogo nada pobre de elementos de interés, ramillete interesante del que se dará cuenta brevemente. Upaetxea (Arranegiko zabala) tiene datado su escudo en el siglo XVII apenas nacido (1604), de tallista romanista bastante dotado.
 

En lo demás también es digna, siendo de destacar la labra de los aleros, de canes de doble voluta manierista, y la definición de los vanos, que esta ya a la moda: marcos de placa lisa quebrados en orejeta. Los balcones, con sus repisas, son posteriores, de una reforma neoclásica. En Uriarte la adecuación a las necesidades residenciales no exigió el derribo de la torre fuerte preexistente, sino que esta se conservó, construyéndose en torno a ella un palacio de mucho interés, con porche en arcos y galería encima, fórmula aportada a esta parte de Bizkaia por el guipuzcoano Lucas de Longa (1677), a quien puede quizá seguirse también en otros palacios lekeitiarras de estas fechas.

El palacio de Uribarria, junto al convento de las madres Dominicas, además de datado (1643) esta documentado como promoción de Bartolomé López de Sosoaga, que contó con los canteros maese Santiago de Goicoechea, maese Pedro de Barasorda y Juan de Uruburu. El promotor, de oficio capitán. El abandono de varios lustros ha podido menos que la calidad de la propia obra, que destaca aparte de por la bondad del aparejo de sillería caliza, por la belleza de sus complementos, como la puerta, por ejemplo, que se conserva en buen estado, o como los herrajes de los balcones.
 

Ocupa un punto privilegiado el palacio Oxangoiti, enfrente del ayuntamiento, esquina a la calle Apallua. Va fechado en 1674, y conserva su magnifica puerta - como la de Etxezabal, esta ultima algo más antigua y mejor cuidada -, y sus aleros de madera labrados con hojarasca, motivo que enriquece igualmente el sofito. La casa de capellanes de Oxinaga, en Arranegi nº 15, con sus severos vanos moldurados y los herrajes de los balcones, la de Arranegi nº 9, a la que pusieron (o sustituyeron) el escudo en el siglo XVIII, también parecen de la segunda mitad del XVII. Por fin, debe catalogarse en los últimos lustros o poco más del siglo señalado la casa de Beaskokale nº 12, con dos pisos y fachada de sillería arenisca, y seis huecos regularizados, enmarcados en molduras de placa acodada. La fachada esta resistiendo bien al largo abandono que sufre.

Mucho menos representado está el siglo XVIII. Casi a beneficio de inventario se pueden recoger algún que otro ejemplar aislado de palacio dieciochesco, Arranegi nº 4, renovado, Dendari nº 43, con espectacular balcón de hierro con nudos de la época, la Torre de Likona, con sus vanos enmarcados y sus herrajes con nudos de mazorca, y el de Atea nº 8, denominado a veces Torrezabal, que es un palacio conformado en el siglo XVIII sobre una célula anterior que, por lo que expresa el acceso, seria del siglo XVI pleno.

El espíritu ilustrado, que pretende normalizar todas las manifestaciones artísticas evocando la comodidad, la higiene, etc., se manifiesta en la arquitectura residencial culta de Lekeitio a través de caserones de gran tamaño, que ahorran por lo general en complementos. Los momentos más esplendorosos parecen los de entreguerras, siendo los mas recientes de ellos versiones de los historicismos, mansiones eclécticas de diversa condición repartidas siempre por las calles importantes, cerca del consistorio y de la plaza. En la plaza y calle de Gamarra existen varias, como en Arranegi nº 22 a 40 y en la corta calle Uribarren (nº 2 y 6), ambas de inspiración francesa, mientras que la que en este tramo lleva en nº 4 es anterior, neoclásica propiamente tal.

Como a la higiene y comodidad se ha aludido arriba, no estará de mas evocar que los miradores de varias de las casas del muelle responden a este espíritu de goce del paisaje al abrigo de las inclemencias del tiempo, habitaciones tibias, vivideras en todas las épocas del año, elementos de gran rendimiento pintoresco por toda la cornisa cantabrica, que a veces se interpretan erróneamente como casas de pescadores, de lo que en Lekeitio no quedan restos claros.

A un neoclasicismo menos contaminado que los ejemplos citados corresponden las casas de Salinas y Zaldundegi, destacables, una por su tamaño y por la calidad de los materiales, y la otra por la rigidez y dignidad, características de la arquitectura de la Ilustración. Mas comprometidos con los estilos históricos que los ejemplos anteriores están las casas de José María Abaroa (1891), hoy convento de Agustinas, con planos del francés Feiner, y de Arostegui, que parte de un palacio barroco, luego transformado en neobarroco y, por fin, completado en estilo regional vasco - la parte alta- por Segurola (1919). Enlazando con esto ultimo, entre lo más moderno cabe referir la sede de la Sociedad Gora-Buru (Batzoki), de estilo neovasco, versión bastante pintoresca de Castor Uriarte (1920) y el bonito chalet de J.L. Abaroa en la Punta, el racionalista Hotel Beitia, y alguna que otra cosa mas, que no logra en general mantener el tono de algunas de las etapas precedentes. 

En los años de posguerra Lekeitio ha experimentado un crecimiento espectacular, normalmente periférico al casco antiguo. Después de un largo lapso de tiempo, parece que en los dos últimos lustros empieza a aflorar arquitectura de cierta calidad, respetuosa, además, con la arquitectura tradicional (muelle).